Muchas veces, muy seguido, vuelvo a una pregunta.
Llevo 17 años haciendo millones de cosas en nombre de Jesús. Te aseguro que he vivido de todo.
He concentrado mi vida en todo lo que tenía que ver con la llamada “obra de Dios”.
Pero de pronto me di cuenta, hace algunos años, que todo mi esfuerzo y dedicación habían estado entremezclados, si acaso fuera posible, como una ofrenda a dos dioses: Un Dios con “D” mayúscula y otro con una triste “d” minúscula.
A tal punto que hasta el día de hoy no puedo diferenciar bien cuando lo hacía por uno y cuando por el otro. Fue tan sutil y mezclado que yo creo que convivieron por mucho tiempo (ya sé que el Señor no acepta segundos lugares, pero hablo en mi corazón).
Uno era el único Dios verdadero, Creador de todo. El otro era un “dios” que me prometía mucho pero que nunca cumplió nada. Yo lo he denominado el “dios ministerio”.
El me había prometido, a través de algunos de sus predicadores, que si yo me esforzaba más y más, él me daría el reconocimiento y la felicidad que mi corazón anhelaba: esto redundaría en una especie de “vida en abundancia”.
Pero cuanto más me acercaba a la meta, más vacío me sentía. Sus promesas de “vida abundante” eran tan falsas como sus predicadores.
Hasta que un día, el Dios verdadero al que había asegurado seguir por el resto de mis días, confrontó mi corazón.
La pregunta era: ¿Por qué haces lo que haces?.
Ese día los ídolos quedaron expuestos y me volví a encontrar con la autentica “vida en abundancia”: Cristo Jesús.
Por supuesto no estoy diciendo que dejé de trabajar en la “obra de Dios”. NO. Pero sí que tomé la decisión firme en mi corazón de no dejarme engañar más por ningún ídolo o predicador de ídolos y sus promesas.
Ahora trabajo dedicadamente pero con una constante pregunta.
Nunca abandono esta pregunta. Nunca creo que ya estoy lo suficientemente maduro o libre de tentaciones como para ya no necesitarla:
¿POR QUÉ HAGO LO QUE HAGO?.
Y cada día me aseguro que EL sigue siendo el Dios de mi vida y el Señor a quién sirvo.
“...Escogeos hoy a quién sirváis... mi casa y yo serviremos a Jehová” (Josué 24:15)
Luis Rodas






