SOLA GRATIA


Un clamor central de la Reforma fue la “salvación por gracia”. Aunque la iglesia romana enseña que la misa es un “sacrificio [que] es verdaderamente propiciatorio”, y que por medio de la misa “Dios…. nos otorga la gracia y el don de la penitencia, remite nuestras faltas e incluso nuestros enormes pecados”, los reformadores regresaron a la doctrina bíblica de la salvación por gracia mediante la fe.

Nuestra postura justificada ante Dios es imputada por la gracia a causa de la obra de Jesucristo, nuestro Señor. En contraste con las doctrinas de mérito personal impartido por Roma, sola gratia y las doctrinas de la gracia, (depravación total, elección incondicional, redención particular, llamamiento eficaz y la perseverancia de los santos) fueron predicadas por todos los reformadores protestantes en todo el movimiento protestante.

Como declara la Confesión Bautista de 1689, “Cristo, por su obediencia y muerte, saldó totalmente la deuda de todos aquellos que son justificados; y por el sacrificio de sí mismo en la sangre de su cruz, sufriendo en el lugar de ellos el castigo que merecían, hizo una satisfacción adecuada, real y completa a la justicia de Dios en favor de ellos; sin embargo, por cuanto Cristo fue dado por el Padre para ellos, y su obediencia y satisfacción fueron aceptadas en lugar de las de ellos, y ambas gratuitamente y no por nada en ellos, su justificación es solamente de pura gracia, a fin de que tanto la precisa justicia como la rica gracia de Dios fueran glorificadas en la justificación de los pecadores.”


Somos rescatados de la ira de Dios solamente por su gracia. El trabajo sobrenatural del Espíritu Santo es el que nos trae a Cristo a través de liberarnos de nuestra esclavitud del pecado y resucitarnos de la muerte espiritual a la vida espiritual.


Negamos que la salvación sea de alguna manera el resultado de alguna obra humana.

Métodos humanos, técnicas o estrategias, por sí mismas no pueden producir esta transformación.

De la misma manera la Fe no es producida por nuestra naturaleza humana no regenerada, sino un don de Dios y fruto de la gracia de Dios hacia sus escogidos.


La Confesión de Fe de Westminster (1647) dice al respecto: “A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y a ellos solamente, le agrada en su tiempo señalado y aceptado, llamar eficazmente por su Palabra y Espíritu, fuera del estado de pecado y muerte en que están por naturaleza, a la gracia y salvación por Jesucristo; iluminando espiritual y salvadoramente su entendimiento, a fin de que comprendan las cosas de Dios; quitándoles el corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades y por su potencia todopoderosa, induciéndoles hacia aquello que es bueno, y trayéndoles eficazmente a Jesucristo; de tal manera que ellos vienen con absoluta libertad, habiendo recibido por la gracia de Dios la voluntad de hacerlo.


Este llamamiento eficaz es solamente de la libre y especial gracia de Dios y de ninguna otra cosa prevista en el hombre; el cual es en esto enteramente pasivo, hasta que siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, es capacitado por medio de esto para responder a este llamamiento y para recibir la gracia ofrecida y trasmitida en él” (Cap. X). 


Efesios 1:3-8; Efesios 2:8-10; Romanos 4:4,5; Romanos 11:6;  Juan 6:44;  Juan 6:64,65;  1 Corintios 2:14, Juan 3:3; Hechos 16:14,15; Hechos 11:18; 2 Timoteo 2:25,26; Hechos 13:48; Filipenses 1:6



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